TEST: ¿Son compatibles en la cama?

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Published on: 09/08/2013

Un cuestionario te permite averiguar el nivel de compatibilidad sexual que tenés con tu pareja. Para conocer sus puntos fuertes y en cuáles necesitan subir la temperatura.

“Todo el mundo puede encontrar parejas compatibles, pero no todas las parejas son compatibles”, dice Antoni Bolinches, psicólogo clínico, sexólogo y master en sexualidad humana, en su libro “Sexo sabio” (editorial Grijalbo). Allí publicó un cuestionario que te ayuda a saber cómo te llevás con tu pareja en la cama. Solo tenés que elegir, en cada caso, la respuesta que mejor exprese tu realidad:

1. ¿Te sentís libre para tomar la iniciativa sexual?

SI – NO

2. ¿Hablás libremente con tu pareja sobre sexualidad?

SI – NO

3. ¿Te sentís utilizada sexualmente con frecuencia?

SI – NO

4. ¿Considerás que la mayoría de los contactos resultan gratificantes para ambos?

SI – NO

5. ¿Considerás que los contactos sexuales son tan frecuentes como vos desearías?

SI – NO

6. ¿Considerás que tu pareja es demasiado egoísta y solo busca su placer?

SI – NO

7. ¿Después de alcanzar el orgasmo sentís deseos de permanecer al lado de tu pareja?

SI – NO

8. ¿Considerás que tus relaciones sexuales son demasiado monótonas o rutinarias?

SI – NO

9. ¿Recurrís con frecuencia a fantasías para poder excitarte?

SI – NO

10. ¿Considerás que los rituales sexuales que practican son los que vos deseás?

SI – NO

 

Interpretación de los resultados:

* Preguntas 1, 2, 4, 5, 7 y 10: cada SÍ suma un punto.

* Preguntas 3, 6, 8 y 9: cada NO suma un punto.

 

Resultados: nivel de compatibilidad sexual

* 0-2 puntos: Malo

* 3-4 puntos: Insuficiente

* 5-6 puntos: Aceptable

* 7-8 puntos: Bueno

* 9-10 puntos: Óptimo

 

¿Ya terminaste con el ejercicio? ¿Tu pareja también lo hizo? Si quieren darle al cuestionario una doble utilidad, pueden comprobar las diferencias que hay en cada una de sus respuestas. “Nos sorprenderá constatar cómo cosas que dábamos por obvias o considerábamos bien resueltas son vividas de forma muy distinta por la pareja. Al darnos cuenta de ello tendremos la ocasión de conciliar criterios y limar discrepancias; siempre, claro está, que las formas de expresar la sexualidad puedan considerarse suficientemente concordantes como para propiciar el disfrute de ambos sin que ninguno de ustedes traicione sus valores sexuales”, concluye el especialista.

¿Por qué los hombres se duermen después del sexo?

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Published on: 09/08/2013

Según un estudio, su cerebro está “programado” para desactivar cualquier sensación de deseo después de la relación sexual. Además, la secreción masiva de un par de sustancias químicas lo lleva a conciliar el sueño muy fácilmente.

Explicación para y excusa para hombres. En esto pueden derivar las conclusiones de una investigación francesa que escaneó el cerebro de varios hombres antes y durante un orgasmo. Al parecer, la corteza cingulada y la amígdala, dos áreas de la materia gris masculina, dan la orden al resto del cerebro para desactivar cualquier sensación de deseo después de una relación sexual. Perfecto argumento masculino para acurrucarse y entregarse al sueño…

El estudio, publicado en la revista Neuroscience and Biobehavioral Reviews, también indicó que esto se ve acompañado por la secreción masiva de dos sustancias químicas, la oxitocina y la serotonina, que inducen un profundo sueño.

“Estos experimentos nos dan las primeras pistas sobre lo que sucede en el cerebro durante el orgasmo. Después de tener un orgasmo, los hombres por lo general experimentan un período refractario por lo que no se pueden despertar”, explicó a Daily Mail el neurocientífico Serge Stoleru, líder de la investigación a cargo de Inserm, un establecimiento francés de investigación médica. “Para las mujeres parece ser diferente. No parecen tener un período refractario fuerte y pueden pedir más cuando sus parejas sólo quieren un descanso”, aclara.

Las endorfinas y otras sustancias que se liberan al torrente sanguíneo después del orgasmo son las causantes del sueño que muchos hombres sienten después de tener relaciones. También algunas mujeres, aunque no son mayoría. Un estudio de la Universidad de Michigan y la Universidad de Albright, en Pensilvania, indicó que el hecho de quedarse dormido (o dormida) después del sexo es señal de que el amor es profundo.

El sexólogo Walter Ghedin explicó a Entremujeres que “tener sexo exige una importante actividad corporal, la cual decrece luego de producida la eyaculación y el clímax del orgasmo. Se denomina fase de resolución al período posterior a la descarga orgásmica, tanto en hombres como en mujeres. La diferencia entre uno y otro sexo está en la capacidad que tienen las mujeres de repetir sus orgasmos (multiorgasmo). Los hombres, en cambio, entran en una fase refractaria a nuevos estímulos sexuales (etapa que suele ser muy breve en los adolescentes o en adultos jóvenes, y más prolongada en los hombres mayores)”.

En este sentido, “la imposibilidad de volver a tener ganas de un nuevo acercamiento, más la relajación muscular, llevan con mucha frecuencia a que los hombres se duerman luego de tener sexo. A estas consideraciones de índole fisiológica se suman otras, como por ejemplo, la dificultad en la comunicación (‘no tengo nada para decir’), no saber expresar cómo vivió la experiencia (‘la pasé bien, eso es suficiente’), la automatización o las costumbres (‘siempre lo hicimos así’) y otras excusas (‘estoy cansado, mañana hablamos’)”, comentó Ghedin.

¿Una charla asegura la felicidad?

Mimarse y hablar tras tener sexo es una forma crucial de expresar a la pareja su compromiso con el otro. La charla post-sexo podría ser tan importante como lo que pasa en la “previa” o, incluso, durante las relaciones.

El mencionado estudio de la Universidad de Michigan concluyó que la felicidad de una relación se dirime entre quedarse o no dormido tras una sesión de sexo. Daniel Kruger, autor principal de la investigación, dijo que encontró un mayor deseo de vinculación emocional, afecto y comunicación en aquellos participantes cuya pareja se durmió primero.

Las personas cuyas parejas se durmieron inmediatamente después de tener relaciones tenían muchos más deseos de abrazar y charlar que aquellas cuyas parejas que no se durmieron después del sexo. “Dormirse antes de la pareja puede ser una manera no consciente de cancelar cualquier conversación de compromiso después de relaciones sexuales”, comentó Susan Hughes, co-autora del estudio y profesora de psicología.

Las 17 zonas erógenas de los hombres

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Published on: 09/08/2013

Una especialista en sexo descubre las partes del cuerpo masculino que más placer generan. Da consejos para recorrerlas, mimarlas, besarlas… Y dejar a cualquier hombre sediento de placer.

A lo mejor creés que los hombres solo tienen una zona erógena: el pene. Pero si querés convertirte en una amante verdaderamente sensacional tenés que ser un poco más creativa. Explorá cada centímetro de su cuerpo, y no solo pensará que sos fantástica en la cama, sino que se sentirá más inclinado a devolver el favor, lo cual tiene que ser bueno.

Cuero cabelludo

Hay muchísima tensión acumulada en el cuero cabelludo, y un buen masaje en la cabeza hará que casi todos los hombres se derritan mientras los liberás de su estrés.

Orejas

Mordelas suavemente, chupá y soplá en y alrededor de ellas. No le metas la lengua si no estás segura de que le gusta.

Labios

Excitalo pasando sensualmente la lengua sobre su labio inferior. Probá morderle con suavidad uno de sus labios o succionarlo al interior de tu boca. Plantale besitos. Experimentá con diferentes estilos de besar.

Cuello

Los besos suaves y arrastrados por el cuello hacen que a casi todos los hombres se les aflojen las rodillas. Ni se te ocurra darle un bocado que deje marca. ¿Acaso tenés quince años?

Hombros

Frotale los hombros mientras lo llevás a la cama y sé creativa con ellos durante el sexo. Cuando vos estés arriba y en pleno acto, dejá que tu pelo los roce.

Codos

Lamele o frotale con suavidad el pliegue del codo. O seguí hacia arriba la vena del brazo hasta el codo, mirándolo con frecuencia para darle a entender que estás pensando en besarle otro sitio…

Dedos

El viejo truco de chupar los dedos es un clásico, pero a los hombres les encanta porque les hace pensar en el sexo oral. Si sos capaz de mantener la cara seria, miralo a los ojos mientras lo hacés.

Pecho

Probá a lamerselo y besale todo el cuerpo mientras te encaminás hacia el sexo oral. O pellizcáselo suavemente con una mano. Variá la presión para ver qué le gusta.

Espalda

Amasá, acariciá y deslizá las manos por su espalda. Usar lubricantes o polvos de talco facilitará las cosas.

Cola

A muchísimos hombres les gusta que les estrujen las nalgas. Otros aman que les pases las uñas por ellas durante el acto sexual.

Pene

El glande (la cabeza) es por lo general la parte más sensible de su pene. Prestá especial atención a la corona (la cresta que va alrededor del glande) y al frenillo, que es esa especie de cordelito que hay bajo el glande.

Escroto y testículos

El escroto es el “saco” que contiene los testículos. Algunos hombres lo tienen demasiado sensible para tocarlo, pero a otros les encanta que se lo acaricien. Manejalos siempre con mucho cuidado, porque son delicados.

Perineo

Es la zona comprendida entre el pene y el ano, ideal para añadir sensaciones sin tener que ir más allá.

Ano y próstata

Conviene preguntar antes: algunos hombres son reacios a que se los estimulen. Si te atrevés a entrar por donde no brilla el sol, podés llegar hasta la próstata, que a veces se describe como el “punto G masculino”.

Muslos

Andá subiendo desde los pies hasta los muslos, mientras los mordisqueás. Pero tené cuidado: puede ser que tenga cosquillas.

Rodillas

Es otra de las zonas que nos olvidamos, pero están llenas de terminaciones nerviosas. Besale y acariciale la parte de atrás, por donde se doblan, y verás cómo le gusta.

Pies y dedos de los pies

Dale a tu chico un masaje de pies. Los reflexólogos aseguran que la planta está conectada a todas las partes del cuerpo.

 

Un consejo…

No te sientas obligada a hacer ninguna de estas cosas. Los hombres ya quedan bastante agradecidos si tienen relaciones sexuales. A decir verdad, algunos se quedarán petrificados si te ponés muy salvaje, así que estudiá cuidadosamente a tu conquista antes de hacer algo demasiado avanzado.

 

Extractos del libro “Solo quiero sexo” (editorial De Bolsillo) de Emily Dubberley, editora de Scarlet – la revista de sexo para -, entre otras publicaciones y sitios web sobre el tema.

El 69: la historia del número más erótico

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Published on: 09/08/2013

Para muchos, nivela el yin y el yang. Para otros, representa la cumbre del placer oral. Lo cierto es que esta postura iguala a ambos miembros de la pareja y es parte de “la previa” desde que el mundo es mundo. Pero, ¿por qué se llama así? La historia secreta de una de las posiciones más excitantes a la hora del amor.

“Uno más uno es 69: dos personas entrelazadas una sobre la otra, específicamente sobre su sexo”. Nada mejor que esta célebre frase del escritor surrealista Raymond Queneau para describir una de las posiciones más placenteras del encuentro amoroso. Postura infaltable en la batalla entre las sábanas, parte indiscutida de la previa, número erótico por excelencia, mucho se ha dicho sobre el origen de su nombre. Esta es la verdadera historia.

 

El año de la revolución (sexual)

Francia le puso el nombre, imaginativo por cierto, hace mucho tiempo. Y así permaneció en el argot de las clases más populares, limitado a los prostíbulos y los peep-shows hasta… ¡1969! Ese año, el dúo formado por Serge Gainsborough y Jane Birkin –famosos ya por su “Je t’aime moi non plus”– proclamaron al ritmo de su música “¡69, año erótico!”.

A partir de ese momento, y cual explosión orgásmica, el nombre de esta postura superó todas las fronteras e idiomas convirtiéndose en un clásico hot que equipara a los dos miembros de la pareja: ambos dan y reciben, lo que está abajo puede, luego, estar arriba.

 

El arte del amor

Desde hace más de dos mil años esta posición se practica en Oriente y, además, tiene un nombre particular. En el templo Laksmana de Khajuraho, en la India, construido en el siglo X a.C., se ven apasionadas esculturas en lo que Vatsyayana denomina en el Kamasutra “kalila” o “postura del cuervo”. Seguramente, esto se deba a la costumbre de estos pájaros de entrelazar las cabezas.

Bien visto también en el Taoísmo, el 69 es un símbolo taichi en el que el yin y el yang fluyen en armonía. En el Tantra, esta práctica crea una corriente energética entre los amantes que nivela e integra los planos físico y mental.

En Occidente, en cambio, hubo que esperar hasta mediados del siglo XIX para ver el arte de la erótica plasmando la postura. Del año 1848, una litografía de Achille Devería, da el primer testimonio de este placer amatorio que aún el lenguaje no se animaba a nombrar.

 

Un juego de a dos: las tres diferentes posiciones

El 69 se asemeja al dibujo que representa el signo de Cáncer, un signo de agua, tal como de agua es todo en esta posición en la que las bocas se desbordan como ríos sobre los genitales de la pareja.

Cual dioses del , los amantes que practican esta postura se adentran en los secretos más íntimos del otro: la “fellatio” se convierte en tocar la flauta de jade y el “cunnilingus”, en beber en la fuente de jade.

En el Kamasutra del amor, la ubicación tradicional sitúa a la acostada de espaldas sobre la cama con el hombre arriba. Para los más osados, otra posición encuentra al hombre de pie mientras la mujer, con las piernas anudadas a su cuello, posa la cabeza en su miembro mientras recibe placer. Finalmente, la versión francesa, en la que ambos se cruzan acostados de lado para, así, explotar de pasión.

 

Fuente: quo.es

De puritana a transgresora: ¿cómo se clasifica tu pareja?

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Published on: 09/08/2013

Según las posiciones sexuales y los juegos eróticos que vos y tu pareja se animan a practicar, un experto les arroja una clasificación de su vínculo. Pueden ser puritanos, tradicionales, normativos, evolucionados, transgresores o parafílicos. ¡Para ponerse a prueba!

En función del abanico de prácticas sexuales que existen, se han clasificado a las parejas en varios grupos, adjudicándoles una denominación que puede ser descriptiva y caracterizadora de su referente de conducta. Este ejercicio sistematizador ha dado lugar a la creación de las siguientes variantes:

 

Pareja puritana

Sexualidad restrictiva que, por razones religiosas, está orientada a la reproducción.

Representa a menos del 5% de las parejas.

 

Pareja tradicional

Posiciones: misionero y cuchara.

Juegos sexuales: caricias, besos, abrazos y masturbaciones.

A este colectivo pertenecen alrededor del 20% de las parejas, aunque su tendencia es decreciente debido a la influencia de unos modelos sexuales más permisivos que los que ellas practican.

 

Pareja normativa

Posiciones: las anteriores y, además, encima, desde atrás, sentados y de pie.

Juegos sexuales: los anteriores y, además, estimulación digito-vaginal, felación y cunnilingus.

Variantes esporádicas: uso de material visual erotizante.

“Normativo” significa que es el porcentaje más numeroso, alrededor del 35% de las parejas, y que las pautas de comportamiento se corresponden con los usos y costumbres aceptados por la moral sexual predominante.

 

Pareja evolucionada

Posiciones: todas las anteriores, pero con variantes y mayor sofisticación en la ejecución. El coito anal en forma esporádica.

Juegos sexuales: los anteriores y, además, felación y cunnilingus simultáneos (posición 69), felación con aceptación de semen en la boca, estimulación digito-anal, uso de complementos erótico- sexuales.

Variantes esporádicas: sadomasoquismo y fetichismo suave, estimulación digito-ano-vaginal, analingus, felación con ingestión de semen.

En este regitro de comportamiento sexual podría situarse alrededor del 25% de las parejas y, algunas de ellas, si llegan a este nivel demasiado jóvenes pueden evolucionar hacia la pareja transgresora.

 

Pareja transgresora

Posiciones: las anteriores y, además, variantes del coito anal y vaginal.

Juegos sexuales: mayor frecuencia de las anteriores más algunas variantes ocasionales como intercambios de parejas y tríos.

Variantes esporádico-situacionales: lluvia dorada (urofilia).

La pareja transgresora sabe o intuye que su conducta no es mayoritaria – puesto que lo practican, más o menos, el 10% de las parejas – pero eso no le genera sentimiento de culpa, sino de aceptación de sus peculiaridades.

 

Pareja parafílica

Sus pautas de conducta se sitúan fuera de lo normal-normativo. Se habla de parafilia no solo por lo atípico del comportamiento, sino también por la frecuencia, grado de exclusividad y nivel de desviación con respecto a las parejas transgresoras, que son las que marcan el límite de la sexualidad normativa.

Dentro de la sexualidad parafílica que se practica en pareja, hemos establecido dos categorías:

* Parafilias íntimas: las que dentro de la pareja incorporan rituales desviados de la norma. Incluimos el exhibicionismo-voyeurismo, el fetichismo, el sadomasoquismo y la dominación-sumisión.

* Parafilias relacionadas: las que transgreden el principio de sexualidad monogámica incorporando una o varias personas a la relación. Incluimos el trío, el intercambio de parejas y el sexo en grupo.

Aproximadamente el 5% de las parejas están en esta categoría.

 

Una vez fijados estos referentes debe quedar claro que lo son a título meramente orientativo, puesto que la intensión no es crear límites de inclusión o exclusión, sino contribuir a divulgar la realidad de la pareja y acercar la moral pública al comportamiento sexual para que cada cual decida lo que desea permitirse sin traicionar su instinto ni sacrificar sus valores.

Estas variantes no son compartimientos estancos sino referentes permeables cuyos límites no están claramente definidos, porque una de las propiedades de la sexualidad es su plasticidad y capacidad de evolución. Por eso, puede ser que una persona al cambiar de pareja se vea a sí misma situada en una variante contigua, aunque es difícil que quien ha formado una pareja tradicional pase de pronto a una transgresora.

 

Extractos del libro “Sexo sabio” (editorial Grijalbo), de Antoni Bolinches, psicólogo clínico, sexólogo y master en sexualidad humana.

 

¿Cómo se clasifica tu pareja? ¿Te asombró ver el resultado o era lo que esperabas? ¿Estás conforme o te gustaría probar otros estilos sexuales?

Los riesgos de buscar el orgasmo simultáneo

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Published on: 09/08/2013

La obsesión por alcanzar juntos el clímax puede generar insatisfacción… Y mucho más. En las puede afectar la lubricación, causar molestias y dolores. En los hombres, puede provocar eyaculación precoz y problemas de erección. Después de leer esta nota, ¿te vas a seguir obligando a cronometrar el placer?

El orgasmo simultáneo tiene que ser más una casualidad que una constante búsqueda. Es un mito que produjo mucho daño en la sexualidad de las parejas, especialmente por la idea que las personas tienen sobre esto y por las atribuciones que le colocan a la situación.

¿Qué es un orgasmo simultáneo? Es el esfuerzo, la concentración, el sobrecontrol de las sensaciones para coordinar con la pareja el momento justo para alcanzar el orgasmo a la misma vez. Es una de las metas a las que se enfrentan las personas por considerar que es la forma de obtener la satisfacción plena.

“El orgasmo simultáneo favorece el sentimiento de unión y refuerza positivamente la relación”, dicen por ahí. ¡Mentira! En realidad, favorece el sentimiento de desesperación y refuerza la incertidumbre y la frustración.

Muchas personas sienten que el orgasmo simultáneo es el mejor. Piensan que si no lo consiguen significa que no hay amor, que la pareja no se entiende, que no funciona, que no son el uno para el otro. Es como la gran prueba de amor: “si logramos tener un orgasmo simultáneo es porque nos amamos”.

Cuando no se consigue se carga de culpabilidad a la otra persona, ya que “con otras parejas no me pasaba, sos vos”. Qué error más grande. Para tener un orgasmo una persona necesita soltarse, dejarse llevar por la excitación, para poder terminar con el momento de máximo placer. Orgasmo significa descontrol. Y eso no ocurre si tenemos toda la presión de un orgasmo simultáneo.

Los posibles efectos

Ponerse en búsqueda de un orgasmo simultáneo en teoría resulta fácil y práctico, pero en la realidad termina siendo la situación más displacentera y estresante que puede haber. La atención puesta en qué está ocurriendo con el otro, y al mismo tiempo estar pendientes de las propias sensaciones, no permite sentir placer y puede generar una disfunción sexual.

La obsesión y el sobrecontrol de la emociones provoca que nos inhibamos y hace que la pasemos muy mal. La puede dejar de lubricarse adecuadamente y pueden aparecer molestias y dolores. El hombre puede tener fallas en la erección, eyacular rápidamente o inhibirse tanto que no pueda eyacular.

Cada persona tiene su manera muy particular de excitarse y tiene sus tiempos, que casi siempre no coinciden con los de la pareja. Por eso que se dificulta con la especulación cronométrica para alcanzar juntos el orgasmo.

 

Por qué fingimos

La obsesión por lograr el clímax a la vez conduce a fingir. En muchas ocasiones es una demanda de los hombres para reforzar su machismo: “yo siempre hago que con mi pareja tengamos orgasmos al mismo tiempo”, alardean. Así, demandan y exigen.

En ocasiones es una demanda de la mujer para confirmar cuánto ama al hombre y cuánto él la ama. Ellas dicen fingir los orgasmos porque se sienten demasiado presionadas y esto les impide relajarse lo suficiente como para abandonarse a las sensaciones de su propia excitación.

 

La clave: pensar en el otro

Un orgasmo es un momento tan placentero que, aún cuando no se alcance a la vez, se lo podría gozar plenamente. Una persona puede disfrutar de dar placer sexual.

La experiencia y el compartir con una pareja que se quiere y que gusta puede facilitar la reducción de los miedos y las inhibiciones. Esto facilita alcanzar el orgasmo, ya que hubo tiempo para conocer a la otra persona y generar la confianza necesaria para poder dejarse llevar por el erotismo y la excitación. Uno disfruta en la medida en que es capaz de apropiarse de su cuerpo y de sus sensaciones.

Por todo esto, ya es hora de dejar de lado la idea errónea del orgasmo simultáneo como una meta. Hay que aprender a dejarse llevar por las sensaciones y las emociones, que fluya ese deseo de encontrarse con la persona que nos estimula sin ponerse parámetros ni metas.

Hay una frase muy vieja, pero muy sabia: “relájate y goza”. Si nos relajamos, si nos dejamos llevar, si no nos ponemos presiones… Seguramente gozaremos y dejaremos gozar.

 

Por el doctor Francisco Argañaraz, sexólogo clínico y psiquiatra. www.medicalsex.com.ar

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